12.3.11

Epecuén (eterna primavera)

Yo estuve ahí. Ví tu pueblo devastado y tu gente muerta. Caminé entre el recuerdo de tus escombros y lloré la desolación de tu plaza desfigurada. Visité una por una tus casas ausentes, inundadas de polvo y de pasado, ancladas ahí para siempre por la sal más salada. Recorrí los cadáveres de tus árboles blancos secando el cielo azul y desgarrando tu propio reflejo.
Eran tus ruinas. Eran tus despojos. Todo ese derrumbe era tuyo, era tu cruz, tu patética agonía. Pero ahora que estaba ahí, también me pertenecía, porque los dos llorabamos por lo mismo, porque el gris era el mismo y la tristeza también.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pero fueron las canciones tu recompensa.